Sólo por ser mujer

Ser mujer es fabuloso, y a la vez tan terrible.

En lo personal, siempre he ido navegando con mi bandera de mujer viajada, estudiada, e independiente. Aunque ese no sea el estilo de vida para muchas, no me molesta, he aprendido a manejar sus pros y sus contras.

Decidí salirme de mi casa cuando cumplí 23 años. Sí, queridas provincias, sin casarme. Sólo por que podía, así que no necesitaba otra razón, pero en aquel entonces recuerdo mucho una conversación con mis amigas más cercanas.

A- ¿Cómo? ¿Te vas a salir de tu casa?
Yo- Sí.
A-¿Así, sin casarte?
Yo- Así, sin casarme.

Trabajé, ahorré, hablé con mis padres, y me fui a la capital.

Algo que siempre quise hacer fue cine, pero en Monterrey eso no existe, así que me mudé con un par de maletas a la Ciudad de México, donde el medio -y literalmente todo- es más grande.

A veces pienso en esas mismas amigas que nunca van a poder entender lo que es la libertad, ¡mucho menos a esa edad! Qué huevotes las que se salen desde más pequeñas, porque siendo latinas, mis respetos. Total. Amé mi independencia desde el día uno. No hay nada más satisfactorio, en lo personal, que valerse por uno mismo y no depender de nadie. Ni tener a quién rendir cuentas o mantener, vaya.

Una vez instalada en la CDMX, ya saben, un amigo me presentó al amigo de otro amigo, que conoce a fulano y de ahí, a la gente que se movía en esas aguas, y para no hacer el cuento largo, comencé a decorar sets para comerciales.

Un día X, conocí a un renombrado director de arte en la calle, le di mi tarjeta, me dio su teléfono, y me comuniqué un par de días después. Como me gradué de arquitectura, y él también, hicimos clic al instante, desarrollamos algunas ideas, y todo lo que yo le proponía le parecía fantástico. Sin embargo, la economía, como en todo medio artístico, está pésimamente mal pagada. La cosa duró menos de lo que a todos nos hubiera gustado.

Dos años después, orgullosa yo, estaba comenzando a trabajar en mi primer película como asistente de dirección de arte. Que vaya que me costó que la cosa se armara. Los inicios de un sueño hecho realidad se convertirían en mi peor pesadilla.

Como han visto últimamente en redes sociales, ser acosada es cosa de todos los perros días. En aquellos entonces, lo peor que me había pasado a la fecha es que uno que otro animal me arrimara el paquete en el metro. Eso tuvo una ABRO COMILLAS GIGANTESCAS solución CIERRRO COMILLAS GIGANTESCAS: nunca me volví a subir al vagón mixto. Triste, nos separan como si estuviéramos en el kinder.

En fin, comencé esta linda aventura llamada primer película. Y como toda regia, debo decir que aprecio que los chilangos suelen ser más amables y cariñosos que los del norte. Triste, también. Arrancó la película, después de laaargas semanas de preparación. Todos los días llegaba a la oficina y pues, lo normal, ¿no? A saludar a todos de beso, cuando siempre me he preguntado, ¿por qué demonios TENGO QUE tener contacto físico con humanos que no quiero tocar?

Desde mi postura, debo decir que ni a mis amigos saludo de beso, sólo a los que llevo mucho tiempo sin ver. Dicho lo anterior, siempre que podía, evitaba este contacto apresurándome a mi escritorio y saludando verbalmente a todos, balanceando mi manita como reina de carnaval -corto, corto, largo.

Lo que me tiene aquí sentada escribiendo es que SIEMPREEEEE había alguien que me cuestionaba ¿por qué no saludas bien, eh? ¡Eso no es un beso, eso sólo es pegar el cachete!

¿Cómo le dices a esa persona, PORQUE NO QUIERO TOCARTE, WEY, porque me dejas el cachete lleno de baba, porque noooo tengo por qué besarte, porque yo quiero decidir con quien tener contacto físico y con quien no? Es como el típico cabrón que te jala del brazo para cantarte la de “despídete bieeeen”.

Ya sé, ya sé. Puede parecer una exageración pero, es la verdad, me siento encerrada, atrapada, hostigada, y siento que violas mi espacio vital exigiéndome un beso. Si lo digo en voz alta voy a ser una loca exagerada, así que todas esas veces callé, sonreí, pegué el cachete, recibí un beso, discretamente me limpié la baba que queda sobre mi piel, me aguanté el asco, esa sensación que me carcomía y me hacía querer correr, todo porque soy “profesional y educada.” Hoy me odio por no decir nada.

Todos los días el mismo calvario, para el saludo y la despedida. No exagero, odio tocar a la gente, odio que la gente me toque. Y no porque sea frígida o mamona como muchos me etiquetan, sino por que creo en mi derecho de escoger quién y quién no puede tener contacto conmigo. No es una obligación mía el tener que darle beso de cachete a medio mundo.

Aquel reclamo venía de parte de todos. Jefes, iguales, subordinados. ¿Por qué nunca nos saludas “bien”?…. Vato te estoy diciendo buenos días, te sonrío, eso es un saludo, un excelente saludo diría yo.

Se ofenden si no les das un beso. ¿Como por qué?

Esa fue la situación numero uno.

Dos. Todo mundo cree que tiene acceso a mis hombros, llegan de la nada a darme masajes.

¿QUÉ ESTA PASANDO? ¡¿por qué vergas crees que puedes llegar a darme un masaje, quién te crees, qué te sientes?!

Tres. Soy de las que se pone el celular en la bolsa trasera de mi pantalón y tan a menudo me toca escuchar: “qué horribles se ven las mujeres con el celular en las pompis.” Primero que nada, ¿como por qué me estas viendo las nalgas? ¿Qué te importa donde coño guardo mi celular? ¿A dónde quieres llegar con una discusión sobre esto? Ponte a trabajar. Yo uso mi celular donde quiero.

Cuatro. ¿Porque no te arreglas más? ¿Cómo, no usas tacones? ¡Qué fodonga!, porque como dice la canción “Con zapatos de tacón las nenas se ven mejor”…. Por mi mente solo pasa “Usa tacones tú si tanto te gustan, camina media cuadra en la Ciudad de México con tacones a ver si no te rompes un tobillo…”

Cinco. “Me encanta ver a las mujeres con leggins, siempre y cuando tengan buen cuerpo.” Yo, mira, sin comentarios.

Seis. Ese contacto físico innecesario. Aunque me podría extender por dos días, tan simple como este ejemplo: estoy a medio metro de ti, no me toques para llamar mi atención, solo háblame, te estoy escuchando, pídeme lo que necesitas, no me toques, no me agarres la mano, no.me.toques.

Siete. Hora de comer. Mi jefe me pide que deje mi computadora prendida, (mi computadora personal, donde entras a mi Facebook, mi mail, etc…), ya para estas, yo estaba extremadamente sensible y más que encabronada, así que automáticamente me negué. Aunque todos los archivos del trabajo están disponibles en Dropbox, tuve que guardar todo lo que él necesitaba en una USB, donde caben perfectamente. Pero me dijo que no. “No, no, tu compu déjala sin contraseña, o bueno danos tu contraseña para poder buscar lo que necesitemos”. AGAIN, TODO ESTA EN DROPBOX Y EN LA USB. Apagué mi computadora, un par de pendejos me llamaron “freaky” por no darles acceso a mi privacidad, y dicen “¿Qué crees que me voy a poner a buscar fotos de ti desnuda? Eso me tomaría muchísimo tiempo.”

Escapé de allí para marcarle a mi mejor amiga, en un estado de histeria, para confirmar si estoy loca o todo esto esta muy mal. Lo único que me dijo fue: “Lamento informarte que estas allí por bonita, no por tu trabajo, renuncia.”

De nuevo, soy profesional, callo y concedo.

Ocho. Después de ese episodio, resultó que yo ya no era la asistente de dirección de arte, ya sólo soy set designer. Me recortaron el puesto. Coincidencia o no así fue.

Nueve. Un perfecto desconocido en el set pasa por mi lado, me agarra la panza mientras dice, “Hola flaquita”, y sigue su camino. Yo me quedé helada, sin decir nada, mi mente estaba en otro lado, TRABAJANDO. Pero al día siguiente el mismo desconocido me vueeeeeeeeelve a agarrar la panza y ahora se osó a decir, “Hola flaquita, hoy no te he agarrado tu pancita.”

¡¡¡CHINGAS A TODA TU PUTA MADREEEEEEEEEEEE!!!, No me toooqueeeeeeen, yaaaaaa, estoy hartaaaaaaaa, de verdad quiero renunciar, quiero que todo se acabe.

Pero como tengo que ser profesional, me escondí a llorar. En medio de mi llanto, uno de los de producción me vio, y yo le cuento lo que acabas de leer. Alguien habló con el sujeto, y gracias a Dios, no me vuelve a hablar ni tocar en todo el rodaje.

Tengo una pregunta muy simple, ¿Por qué, hombres, por qué son así?

Ya pasaron 4 años de esto. Nunca volví a hacer cine. Ni ganas me quedan de volver a hacer algo que pensé que sería lindo.

Y estoy bien, la vida me llevó por otros caminos, a guiar tours por México y Centro América, pero esto que acabo de relatar me sigue provocando asco, desesperación y una ansiedad innecesaria.

Aquí entierro a esos hombres y a mi carrera en cine. Q.E.P.D.

Te invitamos a mandar tu historia
(o la de tus tías, tu primo, la amiga de tu amiga)

lafosacomunqepd@gmail.com

Tu relato será publicado de manera anónima en éste espacio para ser la voz o el reflejo de quién sobrevivió ante toda adversidad.

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