Mi renacer

Era un hombre feliz. Mi historia con Mariana fue lo que las mujeres denominan como “un cuento de hadas”: ella tenía 17 cuando entró como cualquier clienta a mi restaurante de antojitos mexicanos. Yo la vi desde la cocina y sus hermosos ojos me convencieron de dejar mi responsabilidad a un lado para atender su mesa.

Pude sentir que el coqueteo era correspondido y, sin que yo se lo pidiera, dejó su teléfono anotado en el ticket de la cuenta. Yo llamé al día siguiente y eso nos llevó a un sinfín de citas. Al cine, al parque, a los museos, a cuidar a mis sobrinos, a cenar, a los viajes, a los cumpleaños, a las Navidades, hasta que me puse de rodillas para pedirle que fuera mi esposa.

Nos casamos en Cancún al atardecer rodeados de nuestros familiares y mejores amigos. Después de una luna de miel por el Caribe, nos mudamos a un pequeño departamentito cerca del restaurante. Ella es psicóloga y atiende a sus clientes en una oficina compartida con una colega. Todo marchó bien por unos 4 o 5 años…

Supongo que se puede decir que se apagó la llama. Yo me envicié en el negocio, abrí dos restaurantes más, Mariana me ayudaba medio tiempo a mantener los tres en pie y, eventualmente, la rutina nos comió. Todo el tiempo estábamos juntos, todo el santo día metidos en las fondas, luego para llegar a la casa con las sobras de las cocinas para no tener que preparar nada en casa, y pum, caíamos como costales directo a la cama. Acá entre nos, no me di cuenta cuándo dejamos de tener sexo. Al menos de mi parte, era como si hubiera perdido mi libido o me estuviera haciendo asexual. Pero, ¿quién tiene tiempo para eso?

Yo me sentía raro. Sé que ella también. Ya no hacíamos click. Su mamá nos trataba de animar y explicarnos cómo se lleva acabo un matrimonio. La viejita estuvo con el papá de Mariana casi 50 años… Nosotros éramos unos simples mocosos a sus ojos que estaban dejando todo por la borda. En fin, no estoy aquí para hablar de mi matrimonio fallido.

No tengo nada en contra de Mariana. Siempre me apoyó en todo. Simple y sencillo: se nos acabó el amor. Yo entré en una depresión severa la primer semana que ella ya no vivía en la casa. Se mudó a casa de su tía y yo a la parranda. Alcohol, drogas… Muchas drogas. Como si tuviera 17 otra vez. Pedotas masivas con mis compas de miércoles a domingo… Como mínimo. Pero como todo cansa,  llegué al límite de ir con un psicólogo. Le platiqué todo lo que leíste allá arriba… Y entonces me sugirió “dejarme sentir.” Esto quería decir no tener miedo a mis sentimientos. Vengo de una familia de machos de cinto piteao, del norte de México, donde casi ningún hombre tiene la libertad de llorar por ser tachado de puto.

Con el paso del tiempo aprendí a dejar salir mi frustración, el estrés, a perdonar a mis padres (eventos que no valen la pena mencionar), a estar menos encabronado con la sociedad, y fluí. Pasé de los antidepresivos, a la yoga, luego a la meditación, después al ciclismo, fumándome un porro ocasionalmente.

Siempre supe que mi cuerpo no era mío. Lo aborrecía. Como a los tres años sin estar con Mariana y ser una persona completamente libre EN TODO SENTIDO, comencé a buscar en Google por qué me sentía así, y lo propio fue experimentar como todos: empiezas a ir AL antro, a conocer a la comunidad, a aprender un nuevo idioma que incluye “vestida,” “transexual,” “voguera,” “travesti,” “chaca,” “Grindr,” “musculoca,” poppers,” “lenchas,” y un larguísimo etcétera.

Hay gente que se va a la India, yo volé a la Ciudad de México, porque eventualmente entré en un círculo de gente que me convenció que tendría que emigrar, como el 70% de los LGBTs que tiene la posibilidad, a un lugar más abierto y tolerante. Vendí absolutamente todo. Hasta mis cortinas. Las primeras noches dormí en un motelucho cerca del Centro Histórico y poco a poco pude construir una vida digna. Quería abrir una fondita otra vez, pero la capital es un monstruo. Pospuse mis planes y me concentré en mí. Empecé a ir a los bares gay, a conocer qué es un twinki y un oso. Dónde sí y dónde no pertenezco.

Un día compré una peluca, por simple curiosidad. Rompí en llanto. Ahí estaba en el espejo la persona que nunca dejé vivir y le urgía salir. Fue algo así como “Hola, aquí estoy.” Ya no miré hacia atrás. No tenía amigos ni familia que me frenara, así que todo un año lo dediqué a construir a Angélica. Por meses sólo me vestía de noche, luego le fui perdiendo el miedo. Dejé crecer mi cabello, compré bras con relleno, faldas, vestidos, con el apoyo de una gran amiga que hice en poco tiempo, maquillaje, joyería, todo lo que hacen las mujeres.

Mis nuevos amigos ahora me dicen Angie, y pese a que Angie es muy, muy feliz, los chismes vuelan. Mis compadres me dejaron de hablar y cuando mis papás se enteraron, solamente me llamaron para pedirme que no fuera a visitarlos porque no podrían soportar verme así. Ni siquiera tuve la oportunidad de hablar con mi mamá porque mi viejo dijo que estaba demasiado impactada y podría matarla de un infarto si lo escucha de mi propia voz. Está bien. He aprendido a ignorar eso… No quiere decir que los haya perdonado.

Escribo esto porque hace algunos meses me marcó Mariana… La llamada que más temía recibir. Entre una voz cortada y lágrimas me hizo un montón de preguntas. Le hice entender que el divorcio no fue por esto… Como dije, el amor de pareja se esfumó. Eso no quiere decir que no la aprecie ni valore todo el tiempo que estuvimos juntos. Fueron como tres días seguidos que me hablaba para hacerme hasta las preguntas más pendejas… Incluida si alguna vez me puse su ropa. Claro que no. Angie es nueva, acaba de nacer.

Mi sorpresa es que Mariana me ha ofrecido algo más que su apoyo. Tengo años que nadie me abre la puerta por ser lo que ahora soy. Ella pudo dejar a un lado nuestros problemas para extenderme su mano, algo que siempre amé, y sigo amando. Prometió visitarme en un par de meses con su nuevo esposo, y estoy que muero de ganas por verlos. A veces platicamos los tres por Skype. Puedo decir que son mis mejores amigos.

Nena, si algún día lees esto, quiero agradecerte desde lo más profundo de mi alma que me hayas buscado, que me aceptes y perdóname por todo lo que te hice pasar. Perdón por la confusión y si alguna vez hice perder tu tiempo. No fue mi intención. Sé que eres feliz, y me da gusto que hayas encontrado a un hombre que te puede dar todo lo que yo no pude. Gracias por estar aquí.

Q.E.P.D. Esteban

Te invitamos a mandar tu historia (o la de tus tías, tu primo, la amiga de tu amiga)

lafosacomunqepd@gmail.com

Tu relato será publicado de manera anónima en éste espacio para ser la voz o el reflejo de quién se enamoró y sobrevivió ante toda adversidad.

 

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