Amor en medio de la nada

Soy guía de turismo, recibo grupos de 1-18 personas, y los paseo 7-21 días por México y Centroamérica. Lo más importante que me ha enseñado este trabajo es que: La mente ajena funciona de manera misteriosa. MUY misteriosa.

Siempre que empiezo un tour me presento con los pasajeros, les pido que digan su nombre, de dónde son y las expectativas que tienen del viaje (por qué escogieron este tour y no otro, etc.) Normalmente todos me dicen las mismas cosas, cero creatividad, “La comida mexicana es mi favorita”, “Quiero ir a la casa de Frida Kahlo”, “Las pirámides”, “Los mayas”, “Quiero comprar un sombrerou…” Piensen en todos los clichés.

Esta historia es sobre una de mis pasajeras y la historia comienza en una de esas reuniones de bienvenida. Allí estaba yo, escuchando las mismas razones de siempre para venir a México, cuando le tocó su turno a Samantha, una chica de Irlanda.

S: Vine a México por que aquí esta el amor de mi vida y voy a encontrarlo.

Y: ¿Tu novio vive aquí en México?

S: No. Hace 4 meses soñé con él, y una psíquica me dijo que necesitaba venir a México para encontrarlo, así que por eso estoy aquí.

Y: ¡Ah!

Todos en el grupo, nos vimos con cara de confundidos. Hicimos algunas preguntas, ella no dio mucha explicación, continuamos en la normalidad del tour.

Primer cena grupal, dormir, despertar ir a recorrer Ciudad de México, dormir, ir a Puebla, asistir la lucha libre, dormir, ir a Oaxaca, Monte Albán, Hierve el agua, dormir, San Cristóbal, Chamula, Cañón del sumidero, dormir, Palenque, Cascadas de Roberto Barrios, dormir.

Durante esos 10 días Sam parecía una persona normal, no se notaba que estuviera en busca de un rostro con el que soñó. Cuando hablaba del tema daba pocos detalles, pero estaba realmente convencida que en cualquier momento iba a encontrar a su alma gemela… Y sí, lo encontró.

El camino de Palenque a Campeche dura 9 horas aproximadamente, cruzamos todo Campeche de suroeste a noreste, en camión, sin paradas al baño o a comer, a menos, claro, que el chófer cambie de opinión. Yo aprovecho ese trayecto para caer en los brazos de Morfeo, 9 gloriosas vueltas del minutero al reloj donde nadie me necesita. Ese día mi cita con el dios de los sueños se vio interrumpida por los gritos de Sam. “¡Es él! ¡Es él, paren el camión! ¡María es él! ¡Ya lo vi! ¡Quiero bajarme!” Histeria colectiva.

El chófer se orilló confundido, mi trabajo fue traducir toda esa locura. El conductor le decía que no podía bajarla, ella histérica llorando, no supe cuánto tiempo pasó, pero después de lágrimas y gritos…. La bajaron. Me firmó su salida del tour, bajó su maleta y la vi correr hacia él…

CORRIÓ HACIA UN VENDEDOR DE PIÑAS Y MIEL, EN UN PUESTO CONSTRUIDO CON PEDAZOS DE PALETTES Y UNA SOMBRILLA DE PLAYA,  EL CUAL CLARAMENTE SE ENCONTRABA EN UN LUGAR DÓNDE DIOS NUNCA PUSO UN SEGUNDO DE ATENCIÓN.

La morra es de Irlanda, no habla español, no tiene señal de celular, y se baja realmente convencida de que acababa de encontrar al amor de su vida. Estaba tan confundida como tú lo estás ahora.

El conductor del autobús tiene un horario que cumplir, ya vamos tarde, no me dejó quedarme a traducir o ver qué estaba pasando entre Sam y el vendedor de miel. Yo tenía que cuidar de las 17 almas que continuaban el tour. Adiós, Sam. Suerte en tu nueva vida en la zona rural de Campeche.

Ya pasaron casi 3 años de esta bonita experiencia. Otra pasajera que sigue en contacto con Sam me acaba de contar el final de la historia.

Recordemos que ni ella habla español, él no habla ingles, y aunque parece el escenario perfecto para un matrimonio exitoso donde nadie se entiende, sabemos ahora que Sam aprendió español, efectivamente se casó con él, le ayudaba a con la labor y las ventas, daba clases de inglés a los niños del pueblo. Ella era feliz.

Al año y cacho de casados ella quiso ir de vacaciones a Europa, le ayudó a tramitar el pasaporte al marido-miel, e incluso le enseñó a hablar inglés. Viajaron, conoció a los suegros, a los amigos, todo iba sorprendentemente bien. Volvieron a México.

Después de eso, él empezó a decirle lo bien que estarían en Europa, que deberían intentar ver si se acomodan allá, y si no que no pasaba nada que se regresaban y ya. Vendedor profesional, le quiso ofertar la típica idea del verano allá, el invierno en México… Bueno, al parecer Sam y su esposo estaban llenos de planes. Tramitaron todos los permisos necesarios para que él pudiera permanecer en el viejo continente como cónyuge de un nacional, recibió el equivalente a la green card.

No pasó ni una semana después de que él recibió los papeles y se largó de la vida de Sam, se peló a quien sabe dónde. Un día Samantha despertó y las cosas de su marido ya no estaban, ni una carta, ni un adiós. Apenas van 2 meses de que desapareció el güey, pero todo parece indicar que nunca más lo va a volver a ver.

Q.E.P.D. El sentido común.

Te invitamos a mandar tu historia (o la de tus tías, tu primo, la amiga de tu amiga)

lafosacomunqepd@gmail.com

Tu relato será publicado de manera anónima en éste espacio para ser la voz o el reflejo de quién se enamoró y sobrevivió ante toda adversidad.

 

 

 

 

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