No pasó

Te voy a contar un secreto, porfa no le digas a nadie.

Todo paso en Argentina, hace seis meses. No sé si deba contarte, prométeme que no vas a decir nada. A nadie. Nunca. Pero es que ya no puedo con este silencio.

Lau y yo somos amigas desde primaria, es casi mi hermana (así que su marido es mi “cuñado” y así), estudiamos gastronomía, trabajamos en el mismo lugar, y bueno, en el viaje a las dos nos gusto el mismo chavo: Renzo. Él viajaba con dos de sus mejores amigos. Acabamos viajando todos juntos por 5 días.

Lau me dijo que le gustaba Renzo, yo en excelente amiga y pésima cuñada le dije que se lo diera, que lo que pasaba en Mendoza se quedaba en Mendoza. No pensé que fuera a pasar nada, las dos estamos casadas, ir a Argentina era nuestro sueño y allí estábamos juntas, por diversión, por que podemos, por que tenemos a los mejores esposos del mundo. Para mi esa conversación era un chiste, un juego, estábamos reviviendo recuerdos, en el pasado decíamos “pido a fulano” para saber quien se ganaba al guapo de la noche mientras la otra, en excelente amiga, actuaba de wing man. Hasta me reí cuando le dije que fuera por él.

A nadie le hace daño un coqueteo casual, tu también lo haces a veces, no significa que algo más vaya a pasar. Pero ese maldito malbec.

La culpa es mía por darle cuerda a mi amiga borracha, por querer revivir el pasado.

Ya voy, espera, estoy pensando cómo contarte todo, ¿no ves que estoy nerviosa? Lo que te escribo no me llena de orgullo.

Una noche en el “boliche” Laura empezó a tomar de más, los argentinos te sirven los tragos como para que te mueras de congestión alcohólica y la fiesta empieza a las 3 a.m. Decidí no tomar tanto para cuidarla. Estábamos bailando juntas, en eso entran Renzo y sus amigos, obvio vinieron a bailar con nosotras. Laura en su peda me dijo que se iba a besar con Renzo, le pregunte varias veces si estaba segura, ella solo me contesto “gracias, excelente amiga, pésima cuñada.”

Todavía yo de pendeja le sonreí. La vi darme la espalda para ir con Renzo. Yo seguí bailando con los otros dos amigos.

Pasó un rato y Lau llegó toda enojada porque Renzo “no se dejaba” y me pidió que ya nos fuéramos al hotel. Está de más decir que Laura se estaba cayendo de borracha, y Renzo se ofreció a ayudarme para llevarla al cuarto. Acepté, carajo.

Entre los dos la subimos al cuarto. A mi no me encanta cuidar borrachos. La acosté, se durmió, y salí a darle las gracias a Renzo. Güey, chingado, yo no estaba tan borracha, pero sí tomada. Este chico me dijo que fuéramos por una copa más, que él todavía no tenía sueño. Acepté, por pendeja acepté. No sé en qué momento se me cruzó el fernet con el malbec. Chingada, el güey me besó. Me besó y me gustó. Me acabé yendo con él al cuarto.

Todo el tiempo pensaba en mi marido, en Lau, en que esto estaba mal. Ahora soy una pésima esposa, amiga y cuñada. Soy una mala persona. También pensaba que este güey vive del otro lado de mundo, que nunca lo voy a volver a ver, que no es tan importante, que nadie tiene por que enterarse, que si nunca le digo a nadie, esto no pasó, no pasó y ya. En la borrachera  me pareció el mejor beso del mundo, me intenté zafar varias veces, pero las ganas eran más que él y yo. No me juzgues, no me digas que hice mal, yo lo sé. Le juré a Luis fidelidad hasta que la muerte nos separe, y yo allí, teniendo sexo con un extraño, reviviendo mis años de soltera, lejos de todo, pensando en lo que ponía en riesgo, “Luis no se merece esto.” Como quiera lo hice… Chingado. Cuando terminamos, amenacé a Renzo 500 veces para que no dijera nada a Lau, le recordé que yo estaba casada, y él esta comprometido. Básicamente fui su despedida de soltero, puta madre.

No dijimos nada, pasamos las siguientes dos noches haciendo lo mismo, fingíamos que no había nada entre nosotros y cuando todos se iban a dormir, me iba a su cuarto, me despertaba antes que Laura y me metía como si nada a mi cama. Creo que nunca se dio cuenta, nunca me dijo nada, ni yo a ella.

Me merezco el premio a la mejor actriz, y a la peor esposa. En mi mente sigo pensando que no pasó nada, que fue un sueño. En verdad lo fue, seguí hablando con Renzo un mes, y después un día sin darnos cuenta nos dejamos de hablar, la conversación fue borrada, nunca volvimos a mencionarlo. Ya pasaron seis meses, no sé cómo vivo conmigo misma, despertando todos los días junto al hombre más bueno del mundo, pensando cada día menos en lo que hice, por qué lo hice, pero en verdad no significo nada. NADA. No tengo ganas ni planes de volver a ver a Renzo, no me importa lo que esté pasando en su vida.

¿Te digo algo? La verdad cada día la culpabilidad es menos. Cada día entiendo más a los que viven en unión libre. Renzo no significó nada, pero me divirtió mucho.

Mi mantra de vida se ha vuelto “Eso no pasó, nunca pasó, si siempre lo niego y nadie tiene pruebas. No pasó.”

Q.E.P.D. Mi consciencia.

 

Te invitamos a mandar tu historia (o la de tus tías, tu primo, la amiga de tu amiga)

lafosacomunqepd@gmail.com

Tu relato será publicado de manera anónima en éste espacio para ser la voz o el reflejo de quién se enamoró y sobrevivió ante toda adversidad.

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