Fray Metiche

Quiero contar esta historia… tiene un final feliz, pero hay un personaje por sepultar…
La historia con mi ahora esposa es una de esas que, sin ánimo de echarnos demasiadas porras, es un caso de éxito en “El Amor en Tiempos de las Redes Sociales”.
Cuando terminé una relación de casi seis años, al poco tiempo encontré una página que me llamó la atención: “Adopta un chico”. Estaba yo en condiciones de ser “adoptado”, así que me di de alta.
Algunos meses después, a principios de marzo entre tantos vi su perfil y me llamó la atención, y aunque no vivía en mi ciudad sí en mi Estado, y pensé que no sería un problema visitarla un par de veces al mes, así que me atreví y envié un “hechizo” (en esa página, son las chicas las que eligen y te “echan en su carrito de compras”, y uno como hombre lo único que puede hacer es “lanzar un hechizo”… una especie de “¡Hola” dicho desde una “vitrina”)
Casi dos semanas después me contestó, y empezamos las conversaciones. De “Adopta” nos fuimos a Whatsapp… luego Facebook… horas y horas chateando todo el día… y finalmente un día, después de muchas semanas con la química efervesciendo, decidí ir a conocerla personalmente. No vivía en la ciudad que decía su perfil, sino en una que está una hora más adelante, pero el perfil no daba esa opción…
Todo fue maravilloso. Para esto, ella trabajaba en la Notaría Parroquial a cargo de unos frailes, y era muy amiga de uno de ellos. (Después me contaría que este fraile la llenaba de regalos a ella y a sus hermanas…) Así que ella, por ser fraile y mucho mayor que ella, pues nunca lo tomó en serio.
Un día, ya que éramos oficialmente novios, le pregunté qué pasaría si consiguiera trabajo en mi ciudad. Dijo, sin pensarlo mucho, que lo aceptaría y se mudaría sin problemas. La convencí de que me enviara su currículum y yo lo reenvié a una de mis alumnas (daba clases en una universidad). A los dos días me dijo que el perfil le había interesado a su jefa, y que le llamaría a mi novia. Total que el trabajo ya era suyo, y que quería que se presentara ¡al siguiente lunes!
Mi novia le platicó al fraile, y éste trató de hacer lo imposible porque ella no se fuera. Le ofreció buscarle un mejor trabajo, tratar de subirle el sueldo, todo con tal que no aceptara. Mi novia tardó alrededor de dos semanas en aceptar bien el trabajo.
La siguiente cuestión era ¿Cómo hacer su mudanza? El fraile viajaba seguido entre su ciudad y la mía, y otras intermedias. Al principio le dijo que no, que no vendría hasta acá. Al final lo convencieron. Un jueves mi entonces novia subió sus maletas, su perro, y junto con su mamá, el fraile las trajo a la ciudad… ¡aunque las dejó en la entrada y él se regresó!
Originalmente el plan hubiera sido buscar con calma un departamento o cuarto para rentar ella, pero ante la premura de la situación, decidimos que viviríamos juntos. Esto, lógicamente, al fraile MENOS le gustó.
Total, a mi suegra le dijimos que era en plan de amigos, que yo le echaría la mano, que tendría rentada la otra habitación. Una vez que dejó a su hija instalada, regresó a su ciudad… sólo para que el Fraile ¡Nos acusara!
El sábado mi suegra llamó, y le dijo que el fraile ya le había dicho toda la verdad. Que la quería en casa el día siguiente, o que de lo contrario se olvidara de ella. No lo hicimos. Decidimos dejar que, con el tiempo, asimilaran las cosas.
Al darse cuenta el frailecillo éste que su plan había fracasado, decidió escribirme por Facebook. Me dijo tantas cosas… que yo había sido uno de los tantos hombres que conoció por Internet… que en julio ella se casaría con un tal Antonio… bueno, hasta con mi mamá se metió el cura. Para esto, su perfil tenía un avatar con un gato, y por nombre solo tenía un apellido y un “nombre” como “Babueno”. Al final de su escrito, decidió identificarse con su nombre y como sacerdote, para que “no pensara que era un anónimo”.
Llegué a la casa y le mostré el mensaje a mi novia. Sólo nos reímos. Ignoré el mensaje del cura, y finalmente tiempo después me dijeron que se fue de la ciudad, y nadie ha vuelto a saber de él.
Mis cuñadas me contaron que como mi esposa no le hizo caso, después a la que llenó de regalos fue a la otra hermana. Que con la más pequeña, platicaba y mientras le mostraba mis perfiles, le decía lo que opinaba, y que según él, yo ocultaba información.
En fin, hizo una investigación sobre mí digna de una escuincla despechada de secundaria. Y después, desapareció el cura.
¡Se la robé al Cura en sus narices!
En fin, querido Fray Metiche, nos hubiera gustado que celebraras nuestra boda… aunque fuera sólo por ver la cara que pondrías.
Lo demás, ya es hoy una historia muy bonita que seguimos escribiendo, en familia con nuestro bebé.
Nuestro queridísimo fraile se queda aquí, en La Fosa Común.
 
¡Hasta luego, Fray Metiche!

Te invitamos a mandar tu historia (o la de tus tías, tu primo, la amiga de tu amiga)

lafosacomunqepd@gmail.com

Tu relato será publicado de manera anónima en éste espacio para ser la voz o el reflejo de quién se enamoró y sobrevivió ante toda adversidad.

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