Enjaretar por falta de moral

Mi hermano, Ricardo, y yo somos originarios de una ciudad pequeña de Jalisco, llamada Arandas. Desde que entramos a prepa nos fuimos a vivir a Guadalajara, tiempo suficiente para desacostumbrarnos al “pueblo chico, infierno grande.”

En fin, un día le llego una invitación a Ricardo para la reunión de su generación de primaria, aparte coincidía con el fin de semana que cumplía años mi mamá, así que fue al rancho. En ese magnoevento volvió a ver a Pamela, una chica que le gustaba cuando éramos niños. Amor de primaria, amor de posgrado. Se enamoró, y empezaron a salir.

Mi madre estaba más que feliz porque ahora tenía de visita a uno de sus hijos casi cada semana, aunque la verdad él pasaba más tiempo con Pame. De ese período de tiempo no hay nada emocionante que contar, era una relación a distancia: se veían cada cinco días y a cada rato cuando estaban cerca.

Así pasaron tres felices años de la vida de Ricardo yendo y viniendo a verla. Todo se estaba bien, ambos felices y enamorados. En una cena romántica en Puerto Vallarta, Ricardo le propone matrimonio, ella acepta. La familia no cabía de alegría, me gustaba mi cuñada para mi hermano. Pasaban las semanas entre planes, visitas, idas a salones, iglesias, audiciones de grupo, planeando despedidas, etc.

A 10 meses de la boda Ricky nos da la noticia entre apenado y feliz que Pamela está embarazada, y por lo mismo adelantarán la boda. Mis papás al principio se enojaron, pero bueno al final la alegría de ser abuelos era tanta que la falta de perfección en los tiempos no importó.

La organización de la boda fue muuuy rápida, pero igual fue la boda con la que siempre soñaron, jamás había visto a mi hermano tan feliz.

Por el trabajo de Ricardo habían decidido irse a vivir a Guadalajara, pero poquito tiempo después del nacimiento de mi sobrino, Pamela le dijo a mi hermano que la vida en la ciudad con un recién nacido, lejos de su familia no le encantaba, que por favor pensara en el niño y en ella. Lo convenció de regresar a Arandas.

Mis papás estaban muy felices, de pronto la vida los ponía más cerca de su hijo, de su nieto y de una nuera a la que adoraban.

Dos semanas después del primer cumpleaños de Mateo, una señora toca a la puerta de casa de mi hermano, se presenta como: “La esposa del amante de tu esposa.” Y le entrega un puñado de fotos.

Ricardo se negó a creerle, estuvo en negación mucho tiempo haciéndose excusas de que eso ya había pasado antes de él, pero de pronto reconoció en las imágenes la blusa que le había regalado a Pamela en su cumpleaños. Se pueden imaginar la tristeza y decepción que vivimos todos, en especial mi pobre hermano.

Eventualmente se separaron. Fue una época muy gris, mi hermano andaba triste y lo que le sigue, pensando en cómo iba a ser la vida de Mateo con padres divorciados. La vida se iba complicando cada día más entre los trámites de divorcio, Ricardo de vuelta en la casa de mis papás, pensando si regresarse o no a Guadalajara, las visitas incómodas a la casa de mi excuñada para ver a Mateo, etc.

Un buen día una amiga de Pamela fue a visitarlo, quería disculparse con él por no haberle dicho esto antes. Resulta ser que Pamela llevaba años siendo amante de ese señor, que ella y su mamá -la suegra de mi hermano- sabían que el bebé que Pamela esperaba no era de Ricardo, sino de su amante, y decidieron enjaretárselo a mi hermano porque el otro hombre ya estaba casado.

Eso no fue lo único que le dijo, entre nervios y un llanto desesperado le confesó también que Pamela, años atrás, ya había tenido un hijo con el mismo señor y lo había dado en adopción.

A todos se nos cayó el mundo, cuando comprobamos que lo que decía esta chica era cierto: Mateo no es hijo de mi hermano. El niño al que todos adorábamos no era parte de la familia. Mi sobrino, al que besé estando en el vientre de su madre, que lo cargué después de un par de horas de nacido, de quien yo iba a ser padrino, la adoración de mis papás, el motivo de vida de mi hermano… Fue producto de una traición y además, usado como anzuelo para atrapar a mi hermano.

Después de mucho pensarlo y el corazón roto, mi hermano, con apoyo de todos, decidió quitarle el apellido al niño.

Hoy en día el verdadero padre sigue sin reconocer a Mateo, nosotros no hemos vuelto a verlo a él ni a Pamela. Mi hermano ha aprendido a ser feliz, viéndolo todo por el lado positivo, ya nada lo amarra a esa mujer -ni a la horrible persona que es su mamá- sin corazón ni escrúpulos. Sin embargo Mateo no tiene culpa de nada, quitarle a mi hermano su hijo, que él le arrebatara el apellido y negarle nuestro cariño ha sido la decisión más difícil.

Q.E.P.D. Mateo.

Feliz Día Internacional de la Mujer, queridas lectoras.

Te invitamos a mandar tu historia (o la de tus tías, tu primo, la amiga de tu amiga)

lafosacomunqepd@gmail.com

Tu relato será publicado de manera anónima en éste espacio para ser la voz o el reflejo de quién se enamoró y sobrevivió ante toda adversidad.

Fotografía por María Ferráez
“Oaxaca, México”

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s