Carnada viva

Cuando era una chavita me gustaba muchísimo coquetear y la realidad es que disfrutaba de la compañía de los hombres, if you know what I mean. Lo normal a esa edad.

Claro que esto me llevó a una serie de problemas con otras mujeres, porque sus novios me correspondían -lo curioso es que la culpa la tenía yo y no ellos. Ha.

En la calle, en las redes sociales, a veces afuera de mi trabajo, una chava en particular -vamos a llamarle Gloria- se encargó de que todos los días alguien me dijera, bajita la mano, zorra. Pero vaya, les daba poca importancia porque yo seguía con mi vida.

Un día de otoño, creo que yo tenía 20 o 21, había una fiesta a la que yo estaba ansiosa por ir, ya que el primo de un amigo, de nombre Fabían, seis años mayor que yo, venía a la ciudad de visita y yo sabía que le gustaba. La verdad era el único chico que me movía el cielo y la Tierra al mismo tiempo. Nos habíamos visto un par de veces pero por “x” o “y” nunca encontrábamos el momento para platicar a solas, así que lo único que teníamos era el Messenger donde nos podía dar la madrugada hablando de todo y nada. Por él sí lo dejaba todo. En aquel momento era el amor de mi vida. Punto.

En fin, justo antes de salir de la casa, me llega un mensaje de Gloria que decía, “Si te veo en la fiesta de ________ o en la calle, te voy a matar”. Vieja ridícula. Así como llegó el mensaje, lo borré.

Cuando llegué a la casa de ________, crucé instantáneamente miradas con Fabián. Era como si me estuviera esperando. De película, porque sentí que sus ojos me llamaban a atravesar las multitudes y correr a sus hermosos brazos. Aparte su cabello y su sonrisa son hipnóticos, todavía.

Copa va y copa viene, y decidimos salirnos de la casa para estar solos en un pasillo que conectaba el patio frontal con el trasero. Necesitábamos el silencio, necesitábamos estar solos y platicar, porque desde la última vez que nos habíamos visto hacía ya más de seis meses.

Cuando decido que quiero otro trago, Fabián me dijo, “Espera, yo te lo traigo” y yo me quedé fumando en lo que mi caballero de plata me traía mi vodka con piña. Recuerdo tener esa sonrisa boba que uno hace cuando alguien tiene gestos lindos. Sonrisa de veinteañera. Pero a los dos minutos se me aparecieron Gloria y sus amigas en el pasillo. De la nada empezaron a insultarme, me escupieron, me jalaron las ropas y el cabello, y cuando menos lo imaginé, yo ya estaba en el suelo recibiendo patadas y golpes de estas bullies que me doblaban ell tamaño. Sólo recuerdo que entre los golpes le pregunté a Gloria, “¿Pero qué te he hecho, güey?”, y  su respuesta fue: “No sé, te veo la cara de puta que tienes y me das asco”. Eso es lo último que recuerdo porque después recibí un golpe muy fuerte en la cabeza.

Supongo que hasta que no me vieron inconsciente se fueron. Cuando abrí los ojos yo estaba sola en la habitación de una amiga, Mayela, quien dice que Fabián me encontró tirada en el pasto del jardín frontal (es fecha que nadie sabe cómo fui a dar ahí), le llamó y me llevaron a su casa.

Después de ese evento el tiempo y la distancia hicieron de las suyas y Fabián y yo como que nos distanciamos. Él estaba terminando la universidad y yo en medio de ella, en un intercambio decidí irme. Allá en el viejo continente conocí a quien ahora es mi esposo y tan-tán.

Once años después, me enteré que Gloria tiene cáncer, uno muy severo y por lo tanto le queda poco tiempo. La verdad no me cayó en gracia, no es como que fuera una buena noticia. Este tipo de cosas no se le desean a nadie.

Lo triste/interesante es que recibí un correo de ella hace dos semanas. Por respeto a su situación, no lo puedo copiar. Me encantaría, pero no puedo. En una serie de largos párrafos se disculpa por la manera en la que me trató, diciendo que no se lo ha podido perdonar y que por cobardía jamás se me acercó a darme la cara, que ahora que es una nueva persona no le sirve de nada porque ya es muy tarde, y varios etcéteras de esa índole.

Lo que sí puedo copiar es, “Perdón por haberme metido con Fabián, sé que era el chico que querías con toda el alma en aquellos tiempos, pero debes saber que en eso te hice un favor. La noche de la fiesta en casa de _______, que lamento con tantas fuerzas, le pagué 200 pesos para que te llevara al pasillo y te dejara sola. Lo siento mucho de parte de los dos. No lo merecías…”

La verdad es que al final es una carta muy linda. Sé que éramos jóvenes, que a esa edad somos un costal insoportable de hormonas y pensamos muy a la ligera. No obstante, yo la perdoné hace mucho… Pero estas semanas no me he podido sacar de la cabeza cómo es posible que un hombre de 27 años (o cualquier persona, de cualquier sexo o edad) acepte poner una carnada viva en una situación de peligro por 200 pinches pesos. ¡Era el amor de mi vida! ¡¿Cómo?! ¿CÓMO?

Te invitamos a mandar tu historia (o la de tus tías, tu primo, la amiga de tu amiga)

lafosacomunqepd@gmail.com

Será publicada anónimamente en éste espacio para ser la voz o el reflejo de quién se enamoró
y lo perdió casi todo en el intento.
Fotografía por María Ferráez
“Oaxaca, México”
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Un comentario Agrega el tuyo

  1. yegorkoslov dice:

    Hay gente en este mundo que no tiene ni el menor escrúpulo. Debiera de haber en nuestra mente un mecanismo para descubrir estos estados de las personas y soltarlas pronto.

    Me gusta

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