Terapia de pareja Pt. 2

Continuación de Terapia de Pareja

…Dejé que pasaran cuatro días. Julia me había pedido una semana para tener la mente fría y procesar bien las cosas. Cuatro días fue todo lo que aguanté, cuando una mañana antes de meterme a bañar, _________ me preguntó si quería café (era la primera vez que se levantaba de la cama para ir a trabajar), pero exploté ante su amabilidad.

En lugar de meterme a bañar, volví a vestirme, tomé la camioneta, pasé al Starbucks, llegué a la oficina de Andrea como quien tiene una emergencia, abrí la puerta con violencia, me brinqué a su asistente, y cuando llegué a su cubículo le aventé el café caliente encima.

Comenzamos a gritar las dos, su secretaria intentó alejarme de ella, pero yo tenía ganas de gritarle. Ya ni siquiera golpearla. No recuerdo exactamente cómo fue, pero sólo recuerdo que un guardia y la secretaria me metieron a una sala de juntas, donde logré calmarme.

Cada vez que volvía a ver a Andrea a través del vidrio, me llenaban las ansias de atravesarlo, pero cuando vio que ya no era una amenaza ella se acercó y alcancé a leerle los labios diciendo “Lo siento mucho” y luego vi a la mujer caer de rodillas romper en llanto.

Siendo sincera no estaba tan enojada con ella como con mi esposo. Él rompió mi familia, lo que yo conocía como mi vida. Ella sólo fue una “amiga” que me quedó mal, y como “amiga” le correspondía contarme qué era lo que estaba sucediendo. O a veces me convencía que necesitaba que ella me lo dijera para tener los cojones de dejar a aquel imbécil.

Estuve sentada una hora en esa pecera hasta que la vi entrar con el miedo que entra un domador a una jaula con la pantera. Yo no necesitaba hacer más berrinches, quería que la maldita se hincara a pedirme perdón y que me dijera cuáles eran sus planes de grandeza con el hombre que yo estuve soportando esos últimos cuatro días en nuestra cama.

Entre su llanto desesperado, casi sin aire, mocos chorreando y todo, alcancé a oír, “estoy muy apenada, amiga, no sé cómo pasó todo tan rápido entre nosotros. ______ y yo nos enamoramos en un abrir y cerrar de ojos, pero él siempre me dijo que primero eras tú y el niño, que nunca los iba a dejar. Yo comprendí mi lugar y acepté la situación, pero no significa que yo te quiera menos. Sólo pasó.”

Juro que mientras la escuchaba pude verme el cerebro oyendo tanta estupidez, pero luego agregó…

“… y como no podía tenerlo conmigo todas las noches, seguí con mi vida. Ahí fue cuando conocí a Marcelo y-”

A ver, ¿quién es Marcelo?, le pregunté.

“Entonces cuando le dije a __________ que estaba embarazada, brincó de alegría, me abrazó y me dijo que lo haríamos funcionar. Que ahora sí te dejaría porque su niño ya está grande y él quería ser parte de la vida de este bebé. Pero lo tuve que detener para decirle quién era Marcelo…”

La conversación que siguió ya no me dan ánimos de escribirla. Sentí la sangre en los pies cuando esta mujer que se hizo llamar mi “amiga” no me supo contestar quién era el padre de su bebé. Fue cuando me di cuenta que mi esposo estaba deprimido por un corazón roto, no por que ella estuviera esperando un hijo de él y esto acabara con nuestro matrimonio.

No la bajé de puta y zorra, para salirme corriendo de ahí. Llegar a la casa fue otro boleto. Supongo que en el camino Andrea le marcó a __________ porque cuando llegué ya estaba como perrito regañado en la entrada.  Ahí me confesó que estaba enamorado de ella, pero de mí también (¿?), que le rompieron el corazón en pedazos y me suplicó que por favor lo entendiera.

¡¿Te rompieron el corazón en pedazos, cabrón?! Pobrecito… ¿Y nosotros qué?

Lo corrí de la casa, pero terminó en brazos de Andrea. No sé si la perdonó por lo de Marcelo o no. No sé si la niña es de él o no (aún no se parece a nadie). Lo que sí sé es que daría mi vida por no volver a verles la cara, pero no deja de ser el padre de mi hijo, entonces…

¿Q.E.P.D. Andrea?

Te invitamos a mandar tu historia (o la de tus tías, tu primo, la amiga de tu amiga)

lafosacomunqepd@gmail.com

Tu relato será publicado de manera anónima en éste espacio para ser la voz o el reflejo de quién se enamoró y sobrevivió ante toda adversidad.

Fotografía por María Ferráez
“Oaxaca, México”

 

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