… Para ver si aflojabas

Esta historia no es de amor y desamor. Esta historia es solamente de los eventos desafortunados que a veces ocurren en nuestra vida, y que por no tener lógica o sentido, o ser algo diferente a lo que estamos acostumbrados, nos dejan marcados. Esto último, es algo que creo es mi problema, porque, no lo he podido dejar ir. En general, las personas que me conocen y hasta yo misma, podemos decir que tengo una vida buena, no hay problemas familiares (gracias a Dios), ni con amigos y mucho menos con mi pareja. Sin embargo, hay cosas que siempre me callo y que por alguna razón, han definido la persona que soy.

Siendo estudiante de carrera, uno siempre tiene la ilusión de su primer trabajo, de ganar su primer sueldo en una empresa reconocida y que además puede ofrecer un crecimiento exponencial dentro de ella. No todos encuentran estas prácticas o servicio, pero yo fui una de las más afortunadas. No sólo logré entrar a una compañía nacional, sino que es una de las más grandes en la industria farmacéutica (Lucky me!), además de que en mi generación era (al parecer) la que mejor sueldo tenía. No sabía, en ese entonces, que el 2011 de parecer un año prometedor, terminó siendo el más pesado de mi vida.

Estaba más que emocionada, el día de mi entrevista, me sentía segura y lista para aprender cosas nuevas. La primera impresión que tuve del que sería uno de mis jefes, fue que, era buena onda, listo y agradable.

Qué equivocada estaba.

Quedé contratada a los tres días de la entrevista, festejamos mi novio y yo, mis amigos y familia. La primer semana, conocí a mi otro jefe, con los cuales compartía oficina. Todo iba viento en popa. Desde un principio se me informó que todo sería autoaprendizaje, ya que mis jefes tenían una agenda llena.

Normalmente un becario, trabaja por horas o tiempo flexible. Como estaba tan emocionada, siempre trabajé tiempo extra y muchas veces terminaba las cosas desde mi casa.

Conforme fueron pasando los días, semanas y meses, voy conociendo los verdaderos colores de mis jefes, y créanme no son nada bonitos. En menos de lo que me dí cuenta, la agresión verbal de parte de ellos, se volvió tan sofocante, que me dejaban llorando a la hora de la comida. Siempre sola.

Hubo un día, en que tuvieron que venir de otras oficinas a llamarle la atención a uno de mis jefes, ya que los gritos y las maldiciones que me decía se escuchaban por todo el piso. Cuando pedía apoyo, o explicación a mis jefes, sobre algo que no sabía hacer, siempre me comentaban lo mismo “no tengo tiempo” o “la chica que estaba antes que tú, era buenísima, no como tú”.

Por cambios en la estructura de la empresa, los cambios de los directivos eran contantes, entonces, llegó un momento donde no sólo tenía dos jefes, sino que ahora tenía cuatro o cinco. Y aún y cuando me esforzaba en apoyar a todos, mis jefes me decían que “no servía para nada”, “que era una estúpida”. Textuales.

Todavía con esa clase de insultos podía lidiar, el problema, es que llegó un punto donde me los creí. En este momento, te podrás preguntar ¿por qué seguiste ahí? Pues porque, aunque todos pensarán que tenía una vida perfecta, la realidad es que necesitaba el dinero, además de que nadie sabía lo que pasaba en la oficina porque me daba pena contarlo. Para mí, era como que me había fallado a mí misma por no poder con el trabajo, a final de cuentas, fue mi primera experiencia profesional y mi pensamiento era: esto puede ser normal, la verdad sí me equivoqué, fue mi culpa.

La cosa se puso más fea por que era con mayor frecuencia que mis jefes sacaban temas sexuales en la oficina o me pedían que fuera vestida con mini falda y tacones. Al principio, sólo me ponía los audífonos para no escucharlos y evitar esos momentos incómodos. Y no me malinterpreten, no soy una santurrona ni me sorprenden las palabras de los hombres, hay veces que con mis amigas me sale el lenguaje de marinero. En fin, después estos señores trataban de hacerme preguntas sobre los temas que estaban hablando. A lo cual, obviamente me abstenía. Luego, tuve que escuchar conversaciones con sus amantes cuando llegaban borrachos a la oficina.

Sí, los muy sínicos tenían amantes y llegaban borrachos, aún y cuando uno de ellos tenía una esposa con embarazo de alto riesgo. Luego se pasaban a algo un poco más físico. Sí, tuvo que pasar eso, para que yo por fin explotara. Aún me pregunto, como me tardé casi 10 meses en explotar.

Total, al final de cuentas renuncié desde octubre, cuando mi contrato como practicante se vencía en diciembre, así que les di mucho tiempo de aviso para que consiguieran a mi reemplazo. Tras dos meses, no consiguieron a nadie, y me pidieron que me quedara. Para ese entonces, yo estaba harta, a lo que les dije que ya no los aguantaba y que en verdad no podía seguir trabajando con ellos. Sin embargo necesitaba el dinero y yo tampoco había conseguido otro trabajo, así que les dije que sólo 15 días más.

Al fin, encontraron mi reemplazo, y resultó ser nada más y nada menos, que la misma chica que con la que tanto me comparaban y que decían que era buenísima y que yo no servía para nada. El último día que los iba a ver, me piden que me quede más tiempo, para poder capacitar a esta chica…

Ugh. Exacto.

Obviamente me negué, y les mencioné que la capacitaría de la misma manera en que ellos me capacitaron y que con una disculpa, mi último día era el 15 de enero y no podía quedarme más. A lo que ellos me respondieron con: “tu actitud es poco profesional y eres una niña chiflada, no sirves para nada, sólo te contratamos por tu físico y para ver si aflojabas”.

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