Piensa mal y acertarás

Tengo casi diez años casado y tengo dos hijos.
Cuando te dicen que el matrimonio no es fácil, no te están mintiendo. Es una de la decisiones más cabronas que he tenido que tomar sin pensarlo dos veces.

Lo hubieras pensado dos veces, Ángel.  Me lo repito todos los días. Sí, ya sé. Y solito me contesto.

Empecé a tener discusiones con mi esposa Dafne con tal frecuencia que decidí salirme de mi casa por casi un mes.

Al principio, chingón. Veía a mis hijos en sus prácticas de fútbol o natación, los dejaba en casa, y me iba de peda con mis amigos también separados/divorciados. Que de hecho, son la mayoría, y los divorciados son los más felices. En fin.

Pasando el mes le pedí una oportunidad a Dafne. Quería estar con ella y con mis hijos. Realmente los extrañaba. Ella accedió, pero no la vi con muchísimos ánimos; contrario a lo que esperaba, la notaba rara.

Ahora la mujer estaba casada con su celular. No se despegaba del móvil. Cocinaba, corría, cagaba y dormía con él. La única vez que lo dejó sobre la mesa unos minutos, me di cuenta de que tenía contraseña, lo cual en un principio antes de la separación no le daba importancia por que yo también le ponía (meramente para que los niños no fueran a ver algo de los grupos de Whatsapp de mis amigos, donde se manda pornografía a diario, ya saben), lo cual fue el pretexto de que ahora ella lo tenía también.

El tema es que una noche me desperté en la madrugada, sin imaginarme cualquier cosa… simplemente me entró una corazonada de que tenía que revisar su celular.

No es difícil adivinar las contraseñas de tu esposa. Si no es el cumpleaños de sus hijos, es su número de la suerte, o el aniversario de sus padres.

Vaya sorpresa. Hubiese preferido no andar husmeando. Encontré tres pláticas con otros hombres, pero uno de ellos era el que le mandaba mensajes más frecuentes. Estoy hablando de pláticas diarias en el Whats, llamadas, mensajes de texto en donde se ponían de acuerdo para verse, y además, como cereza en el pastel, se decían cosas “bonitas.”

No sabía qué hacer. Es un sentimiento horrible dar con estas cosas y leer cómo se expresaba de mi y de lo poco que le importaba. Me dolió demasiado. Nunca imaginé que ella sintiera tanto repudio hacia mi. Aparte el hecho de que esté platicándole cosas tan íntimas y personales a un desconocido.

Sí tengo que admitir culpa, claro. Para que ella se sienta de esa manera es por que le he fallado, y aunque en las pláticas sí pude notar que él la hacía sentir importante y especial, tengo que sacar el lado bueno de esto, por que me di cuenta en todo lo que yo estaba fallando como pareja.

Pude valorar lo que tenía con ella, aunque no fuera una persona fácil (después de todo, ¿quién lo es?) Dejamos un espacio abierto para que entrara un tercero. Culpa de los dos.

Resulta que aún la amo. Lo único que me mata y me quita el sueño es que por más que ella me jura y me afirma que jamás pasó algo con ese tipo, no le creo. Le cuestiono hasta cansarme. Sólo me dice que iban a desayunar, pero obviamente nunca reconocerá su falla por que es perder el poder.

Intento creerle pero en una parte de la conversación que leí hablaban de verse en un lugar para pasar más tiempo, ¡pero tampoco confirma que se trate de un hotel!

Es muy complicado este desmadre. Como mencioné, sí la amo y quiero seguir con mi matrimonio, aparte tengo hijos, no me puedo pelar cuando se me dé la gana. Todos los días hablamos en búsqueda de una continuidad, y la verdad he notado cambios para bien, ¡pero es sólo esta maldita duda que jamás sabré si otro hombre se cogió a mi mujer o no!

O ella a él. O como sea. No tengo manera de averiguarlo, aunque me pare en la puerta de ese güey, tampoco me va a decir.

El miedo más grande es que yo no logre superar esa duda y me vuelva una bomba de tiempo.

 

Q.E.P.D. ?

 

Te invitamos a mandar tu historia (o la de tus tías, tu primo, la amiga de tu amiga) a lafosacomunqepd@gmail.com para ser publicadas anónimamente en éste espacio y ser la voz -o el reflejo- de quién se enamoró y lo perdió casi todo en el intento.

 

 

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